domingo, 9 de enero de 2011

MATISSE Y LA ALHAMBRA

                                       
Me disponía a entrar en la exposición después de un breve periodo de colas y espera con la esperanza de encontrarme una parte de la experiencia que Henrri Matisse pudo haber sentido al visitar Granada. Visita que sólo duró tres días y que yo recorrí en aproximadamente una hora.
El origen de la muestra, según había oído, partía de un encuentro casual con la firma del artista en el libro de visitas de la Alhambra y allí estaba, nada más entrar, el gran libro con su grafía estampada (Henrri Matisse, Diciembre de 1910 - París)  como señal de su paso por la ciudad palatina; Y éste es el comienzo de una documentada investigación por parte del comisariado de la exposición que nos sitúa en la época y nos aporta lo que el pintor pudo vivir entre la abrumadora voz del agua y el interior del susurro andalusí.
En primer lugar pude disfrutar de algunas muestras de tapices, libros, miniaturas hindúes, cerámicas… que Matisse visitó en una exposición en Munich poco antes de viajar a España,  junto a algunas reflexiones de sí mismo y su aprendizaje con otros maestros como Cezanne, Renoir o Van Gogh. Momento representado por un dibujo a carboncillo de La Danza.
Conforme avanzo en la exposición me siento cada vez más atraída por la luz que desprenden sus pinturas y me encuentro conversando con Matisse, escuchando su lenguaje cromático, un lenguaje armónico de colores puros y vibrantes  que desprende su gran fascinación por las formas decorativas, por las ricas telas, por el resplandor que se filtra entre las celosías de la Alhambra. Este alegre encuentro de Matisse con la Alhambra se plasma por primera vez en los tres cuadros que pinta en España y que posteriormente pasarán a formar parte de su obra.
Continúo caminando por entre sus obras hasta toparme con parte de su intimidad: cartas, postales, fotografías en blanco y negro de aquellos días… palabras derramadas en la soledad de una habitación de hotel y que me dispuse a leer;  lápiz en mano comencé a escribir algunos de los párrafos que me llamaron la atención, ante la perplejidad de los visitantes que allí estaban cuando de repente se me acercó un vigilante para recordarme que podía comprar el catalogo de la exposición donde estaba toda la documentación, le respondo que muchas gracias pero sigo leyendo ya que lo que me interesaba no era leer un catalogo, sino leer a Matisse.
Sábado 10 de Diciembre
… He tenido ayer un buen día en tren, quiero decir un día agradable porque el paisaje desde Sevilla a Granada es muy hermoso. Primero las llanuras fértiles con palmeras, eucaliptos, granados y naranjos. Las paredes de las haciendas y casas ornamentadas con voluvilis vivaceas púrpuras y follaje verde oscuro con el más bonito efecto…
… La Alhambra es una maravilla. Ahí he sentido mi más grande emoción, pero el tiempo es tan malo que no voy a seguir más aquí…

                 

Después mis ojos viajaron por la sala para degustar no ya sus letras, sino el sabor de sus pinceladas, un chaparrón de colores primarios que se derraman por entre los lienzos y que deslumbran la exposición.
Posteriormente, Matisse viaja a Marruecos del que también quedará fascinado y que le reportará una importante y significativa etapa de su obra.
Cabe destacar "un rincón del estudio" donde sigue deleitándome con su alegría en el arte de la meditación, su gran vitalidad, su libertad en el trazo y en el uso de la creatividad y el color. Una acertada sintonía entre  decoración y arte.
                                                   
 Finalmente una sala dedicada a sus bellas Odaliscas, que la exposición denomina "Paisaje intimista" con las que muestra su deseo y su fascinación por el estudio del cuerpo femenino.
            El último lienzo es una de sus obras realizadas con collage que nos remite a otra etapa de su vida.

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