martes, 9 de noviembre de 2010

"DE LAS VANGUARDIAS AL ESPECTÁCULO"

Eduardo Subirats, filosofo y escritor catalán (1947) en su conferencia sobre “De las vanguardias al espectáculo” alude a una cita de Tápies sobre el concepto de modernidad y nos hace reflexionar sobre ello. Para Tapies las vanguardias equivalen o son igual a modernidad, progreso y democracia, y no a nacionalismos ni totalitarismos. Pero esto es discutible según el autor, puesto que en las vanguardias existe una dualidad de principios ya que algunas de ellas tienen puntos críticos, como por ejemplo la violencia verbal del futurismo con el grito antifeminista y la defensa de la guerra o la obra demasiado controlada de Mondrian que esconde un concepto totalitario, entre otros. Con lo cual las vanguardias son un concepto ambiguo o contradictorio.
Finalmente aparece el concepto de obra de arte total con la película “Metrópolis”, donde hay una representación de clases sociales bien diferenciadas, en las que una explota a la otra. También se critica el ideal de revolución socialista. Se alude a la torre de Babel cuando no hay entendimiento y aparece la figura de María  que equivale al bien. El corazón y los sentimientos como mediadores entre el cerebro y la mano.
Un nuevo medio, un nuevo lenguaje destinado a crear un, también nuevo mundo de valores universales. Varias disciplinas distintas que pueden coincidir en un mismo discurso. Pero como todo, dice Subirat, también tiene sus puntos críticos.
Efectivamente las vanguardias surgen como rechazo al arte académico, son un grito de rebelión, un reflejo de una sociedad descontenta que lucha provocadoramente contra el conservadurismo, contra un arte mimético o contra la cultura burguesa. Así mismo buscan la experimentación y la indagación de nuevas formas de expresión, nuevos soportes, nuevos lenguajes artísticos y compositivos, una nueva renovación cultural, que finalmente les llevará a unificar lo científico y lo espiritual. Y aunque haya algunos resquicios críticos, que los hay, y alguna que otra fuera tachada (por el fascismo) de arte degenerado, sus principios fueron democráticos. La aceptación de sus contradicciones y ambigüedades, llevará a la crisis del vacío histórico y a la ausencia de valores que conducirá al arte en una gran desesperanza, desesperanza de la que solo cabe volver a salir. Bajo mi punto de vista, “No hay una entidad que sea perpetua” (como dice Tápies), el arte es libre y mientras la cultura continúe cambiando, el arte cambiará con ella.

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